ASOCIACION CULTURAL CRISTOBAL COLON
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El apócrifo testamento de Cristóbal Colón

De este polémico texto, que los defensores de la tesis genovesa dan por auténtico, trataré de probar que no lo es, pues son muchas las pruebas que obran en nuestro poder que indiscutiblemente, lo adveran.

En dicho testamento, fechado a 22 de febrero de 1498, en el que supuestamente Colón declara “que siendo yo nacido en Genoba” , también se puede leer: “y que en ninguna manera jamás se disforme. E ansi lo suplico al Rey e a la Reina, Nuestros señores, y al Príncipe Don Juan, su primogénito Nuestro Señor, y a quien sucediese por los servicios que yo les he hecho”.

El disparate es tan magno que nunca lo hubiera cometido el Almirante, tan allegado a la Corte como estaba. No podía hablar del Príncipe Juan, primogénito de los Reyes, como persona viviente, cuando ya por esta fecha hacía algo más de cuatro meses que había muerto. Había fallecido en Salamanca el 4 de octubre de 1497, a la edad de 19 años. Su muerte produjo desconsuelo y llanto en todo el reino. Cuenta el historiador norteamericano Prescott, que “celebrándose los funerales con lúgubre esplendor, y los restos se depositaron en el convento de dominicos de Santo Tomás de Ávila, la Corte se puso de luto riguroso, las oficinas públicas y particulares estuvieron cerradas por cuarenta días, y en los muros y puertas de las ciudades se levantaron pendones enlutados”.

Otro dato a tener en cuenta es que Diego Colón, hijo del navegante mallorquín, fue nombrado paje del mencionado Príncipe el 8 de mayo de 1492. Tras aquel suceso, el 19 de febrero de 1498 se le nombró paje de la Reina Isabel, tres días antes de otorgar el falso testamento, que en la Institución de Mayorazgo, en la que aparece que Colón Cita a Génova como ciudad “de donde salió y en donde nació” , no figura el apellido Colombo. Es el apellido Colón el que se repite y recalca al mandar que la persona que herede el Mayorazgo sea hombre del “linaje verdadero” de “Colón”.

De este hecho deberían tomar buena nota muchos historiadores que consideran que entre las pruebas que llevan a demostrar que el Cristóforo Colombo, hijo de Doménico, lanero, y nieto de Giovanni de Mocónesi, es la misma persona que Cristóbal Colón, el Descubridor, lo prueba el Mayorazgo de 1498.

Posteriormente, en este documento también consta: “Habrá el dicho Don Diego o cualquier otro que heredare este Mayorazgo mis oficios de Almirante del Mar Océano, que es de la parte del Poniente de una raya que mandó asentar imaginaria, su Alteza sobre a cien leguas sobre las islas de las Açores, y otro tanto sobre las de Cabo Verde, la cual por todo a Polo a Polo, allende de la cual mandaron e me hicieron su Almirante” .

El autor de este documento comete el grave error de ignorar que el tratado de Tordesillas, de 7 de junio de 1494, había cambiado esta línea de cien leguas al Oeste de las Azores, implantada por las Bulas Alejandrinas de 1493, por otra situada a trescientas setenta leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde. Este error no lo podía cometer de ninguna forma el navegante mallorquín, que estaba perfectamente informado de estos asuntos y era uno de los más conocedores del tema.

Todos estos hechos evidencian que la persona que redactó este escrito, supuestamente fechado en 1498 es un falsario.

Pero todavía hay mucho más, pues aparte de no conocerse otro documento en que tanto los Reyes como el propio Colón declaren que ha nacido en Génova, resulta que en el Archivo General de Simancas, y concretamente en el libro de registros del Sello Real de Corte, que corresponde al mes de septiembre de 1501, se halla la supuesta confirmación Real de dicho Mayorazgo, que los Reyes Católicos le habían concedido estando en Granada.

En esta también adulterada confirmación Real, al igual que en la mencionada Institución de Mayorazgo, se habla del Príncipe Don Juan como persona viviente, cuando, como sabemos, en septiembre de 1501, ya hacía casi cuatro años que había fallecido. ¿Será acaso que por esta fecha los Monarcas se habían olvidado de que su hijo ya se había marchado para siempre de este mundo? Conclusión : de ser auténtico el documento o estaban soñando los Reyes, o, según parece, lo están todos estos autores que tratan de probar la autenticidad de estos papeles.

El hecho de que en ambos documentos se halle insertado idéntico disparate, pone en evidencia que los dos son obra del mismo falsario o falsarios, o bien, por lo menos, el que inventó a uno de ellos lo hizo relacionándolo con el texto del otro.

No podemos omitir, que Cristóbal Colón desde Granada, a 24 de mayo de 1501, en una carta al Padre Gorricio, escribe: “Reverendo y muy deboto padre:

Mucho he de menester un traslado abtorizado de escrivano público de una provisión que alá está, porque pueda yo hazer Mayorazgo, y querria que fuese en pergamino”.

En su último testamento que otorgó en Valladolid a 19 de mayo de 1506, ante el notario Pedro de Hinojedo, el Almirante manifiesta:

“Cuando partí de España el año de quinientos e dos yo fize una ordenanza e Mayorazgo de mis bienes, e de lo que entonces me pareció que complia a mi ánima e al servicio de Dios eterno, e honra mia e de mis sucesores: la cual escriptura dexé en el monasterio de las Cuevas de Sevilla a Fray don Gaspar con otras mis escrituras e mis privilegios e cartas que tengo del Rey e de la Reina, Nuestros Señores. La cual ordenanza apruebo e confirmo por esta”.

Salvador de Madariaga asevera en su obra “Vida del muy magnífico Señor Don Cristóbal Colón” que “el Mayorazgo de 1498, aunque apócrifo, se falsificó sin duda sobre el documento de 1502, desaparecido (precisamente para poner el apócrifo en su lugar)”.

El ilustre historiador peruano Luis Ulloa, con relación al apócrifo testamento de 1498, dice en su libro “Nuevas pruebas de la Catalanidad de Cristóbal Colom”:

“Este documento falso no fue encontrado en el convento de las Cuevas con los otros papeles que el Consejo de las Indias hizo sacar en 1508 para agregarlos al expediente. Fue un abogado, Verástegui, que lo presentó, para el intermediario equívoco de Luisa de Carvajal, la cuarta mujer de Don Luis Colón, esposa medio divorciada de un tal Luis Buzón, individuo de conducta dudosa. En el expediente del ‘Mayorazgo’ hay muchas pruebas de la manera poco limpia de proceder de este Buzón, que se alardeaba de su habilidad en mutilar y desfigurar documentos”.

Verástegui declaró ante el tribunal que había recibido el documento de Don Luis, que lo había guardado en su poder once o doce años, de 1566 o 1567 a 1578.

Habiendo muerto Don Luis en 1573, Verástegui continuó guardando el papel, como él mismo confiesa, siete años después de la muerte de su cliente”.

Ante tales acontecimientos, no se explica cómo todavía hay algunos historiadores, que siguen defendiendo la autenticidad de este Mayorazgo de 1498, que en vez de aparecer en 1506, año en que falleció el Almirante, no lo hizo hasta 1578, aunque ninguno de estos historiadores ha sido capaz de esclarecer nunca, aunque suponiendo que el documento en cuestión fuera auténtico, ¿Por qué razón no se conservó en el Monasterio de las Cuevas, juntamente con los otros documentos de gran importancia que el Padre Gorricio guardaba?, ¿Cómo es que ni sus propios hijos ni tampoco Fray Bartolomé de las Casas, que tuvo en su mano muchos de los papeles del Almirante, a aquel no lo conocieron nunca, ni tampoco tuvieron jamás el más mínimo conocimiento de su existencia? Alfonso Philippot Abeledo en su obra “La Identidad de Cristóbal Colón” con relación al apócrifo testamento de

Cristóbal Colón relata:

“En un artículo del ilustre escritor y correspondiente de la Real Academia de la Historia, D. Fernando del Valle Lersundi, publicado en el diario “ABC” (año 1969), bajo el título de “El Origen de Cristóbal Colón”, se dice lo siguiente: “Nuestro gran Fernández de Navarrete (Martín) demostró hace más de ciento cincuenta años que el único documento en que don Cristóbal Colón manifestaba haber nacido en Génova era falso, (...) Es imposible comprender cómo los que han estudiado a fondo los orígenes de nuestro primer almirante del Mar Océano no hayan resuelto este problema hace ya mucho tiempo. Solamente la labor enredadora de Fray Bartolomé y don Fernando Colón, inventando la oriundez genovesa del descubridor, apoyada entusiásticamente por una serie de falsificadores italianos ha podido cegar hasta ahora a los investigadores en tal terrible forma.

Desgraciadamente, el Inventario de la Seccióndel Patronato Real de nuestro maravilloso Archivo de Indias, maravilloso por su arquitectura y por su riqueza documental, se redactó pocos años antes de la publicación del trabajo del que fue ilustre director de esta Real Academia y como consecuencia, esos falsos documentos que al que formó el Inventario le parecieron de una autenticidad clara e indiscutible, recalcada por él con entusiasmo, sigue confundiendo a los investigadores colombinos que como consecuencia, siguen aferrados a la tesis del Cristóbal Colón genovés (...) Se hace preciso por ello rogar a la dirección de dicho Archivo señale en las mismas páginas donde aparecen inventariados los citados documentos, su demostrada falsedad.”

Las cartas de Colón a Nicolás Oderigo, embajador genovés en Castilla, y a la banca de San Jorge, o de ésta última al propio Almirante, han sido también esgrimidas por algunos historiadores como un sólido argumento que prueba el origen genovés del Descubridor. Todas ellas están escritas en castellano, cosa insólita, pues lo más lógico es que entre genoveses se escribieran en italiano, y más tratándose de una correspondencia entre el embajador y el banco oficial de la República. Este hecho juntamente con otros que a continuación voy a exponer, evidencian que dichas cartas son apócrifas .

En el encabezamiento de la supuesta carta de Colón a la banca de San Jorge, fechada en Sevilla a 2 de abril de 1502, podemos leer: “Muy nobles Señores: Bien que el cuerpo ande acá, el corazón esta allí de contiguo”. Ordena que un diezmo de sus rentas pasara para siempre al Oficio de San Jorge, para la desgravación de los derechos del trigo. Este diezmo no se pagó nunca, ni tampoco Génova se atrevió a pedirlo, debido a que todo ello no era más que una patraña. Al final se dice algo más grotesco todavía: “El Almirante Mayor del mar Océano y Visorey y Gobernador General de las Islas y tierra firme de Asia e Indias del Rey e de la Reina, mis Señores, y su capitán General de la mar y del su consejo”. Luis Ulloa puntualiza que Colón, después de haberse dicho “El Almirante Mayor del mar Océano”, todavía se diría “Capitán General de la mar”. Son demasiados títulos para una misma cosa. Tampoco no podía decirse “Almirante Mayor” porque solamente estaba él como único Almirante de aquél Océano.

No me consta que el Almirante jamás se designara como “Gobernador General de las Islas y tierra firme de Asia”. Esto es un gran disparate. Sabido es que su título era Almirante de la Mar Océana, y nunca mencionó que lo fuera de la “Tierra firme de Asia”.

De estas falsas cartas, que Génova conserva como reliquias, el historiador norteamericano Washington Irving en su obra “Vida y viajes de Cristóbal Colón” describe: “Estos documentos se conservaban desconocidos en la familia de Oderigo, hasta el año de 1670, que Lorenzo Oderigo se los presentó al gobierno de Génova, y se depositaron en los archivos. En los tumultos y revoluciones posteriores desapareció una de las colecciones de copias, y se llevó a París la otra. En 1816 se descubrió ésta en la biblioteca del difunto conde Michel Angelo Cambraso, senador de Génova. La procuró el Rey de Cerdeña, soberano de Génova entonces, y se la regaló a la ciudad en 1821”.

Es obvio que todo esto es un gran enredo falsario. De no ser así, estas concesiones a la banca de San Jorge y a su supuesta patria de origen, el Almirante las hubiera ratificado en su último testamento y codicilo que otorgó en Valladolid, ante el escribano Pedro de Hinojedo, el 19 de mayo de 1506.

Con relación a este tema, en otras páginas de su libro, Alfonso Philippot escribe:

“Si la carta de Colón al Oficio de San Jorge es falsa, como se sospecha, también debe serlo la respuesta. Hecho corroborado por el silencio que observa el propio Banco, al no haber reclamado jamás la ejecución de dicha manda testamentaria, cuyo valor honorífico era tan importante como el beneficio material que de la misma podía obtenerse. De esta notable correspondencia no quedó en nuestra patria el más leve vestigio, en archivos públicos ni privados, siendo lo más sorprendente que la carta en cuestión -publicada en Milán por Girolamo Bordoni, en 1614, y reproducida por Giambattista Spotorno en el Códice Colombo Americano, como “copia de una copia”, el año 1823- apareciese en Italia y no en España, donde tenía Colón que haberla recibido.”

“Volviendo a Nicolás Oderigo, éste archivó displicentemente los preciosos documentos que le habían sido confiados; transcurridos más de 150 años antes de que de nuevo salieran a la luz, cuando por casualidad los descubrió un descendiente suyo, llamado Lorenzo, en 1670”.

“De las dos copias legalizadas del Libro de los Privilegios, una fue conservada por los descendientes de Oderigo; y otra -por razones que se ignoran, pero que algunos autores atribuyen a la expoliación napoleónica- pasó al Ministerio de Asuntos exteriores en París. De lo que se infiere que en ningún caso previó Colón como destinatario de este códice a la República de Génova. Pues, hasta 1670 -como queda dicho- no tuvo la Señoría noticia de su existencia, ni se preocupó de reclamarlo.

El ejemplar que desde entonces tenía, desapareció misteriosamente antes de 1816, año en que el Rey del Piamonte lo adquirió en una subasta de objetos pertenecientes al patricio Michelangelo Cambiasso; trasladándolo a Turín, para donarlo después (1821) al Municipio de Génova.

El códice en cuestión, o Libro de losPrivilegios, consta de 37 documentos, contenidos en 42 páginas numeradas por una sola cara. En la última, aparecen las firmas de los notarios y alcaldes mayores de Sevilla; a la que siguen ocho páginas en pergamino con la Bula de Alejandro VI, y ocho páginas más de documentos legalizados. Las cartas de Colón a Nicolás Oderigo se hallan adosadas al mismo libro, diferenciándose de los demás documentos que están escritos en pergamino. La autorización o legalización de los alcaldes mayores y notarios figura por separado en el documento 37 (pág. 42).”

Algunos de los acontecimientos que acaecieron en 1469 en Castilla, resultan ser de gran importancia. El historiador norteamericano William H. Prescott, que nació en Salem, Massachusetts, en 1796, en su obra “Historia de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel” los relata así: “Entre tanto, la situación de Isabel iba siendo en extremo apurada. Aprovechando una ausencia de su hermano Enrique y del marqués de Villena, trasladó su residencia de Ocaña a Madrigal, donde vivía su madre.

Pero informado el marqués de Villena de que las negociaciones para el casamiento con Fernando iban muy adelantadas, ordenó al arzobispado de Sevilla, D. Alonso de Fonseca, que fuese inmediatamente a Madrigal con fuerzas suficientes para apoderarse de la persona de Isabel. Pudo ésta dar aviso de su apurada situación al almirante Henríquez y al arzobispo de Toledo. Con un cuerpo de caballería que reunió, y con la gente que le envió el almirante, el activo prelado acudió prestamente a

Madrigal y condujo a la princesa a la ciudad amiga de Valladolid, cuyos habitantes la recibieron con extraordinario entusiasmo.

Entre tanto, Gutierrez de Cárdenas, comendador mayor de Santiago y Alonso dePalencia, cronista de estos sucesos, fueron enviados a Aragón para que activasen los negocios de Fernando. Cuando llegaron a Zaragoza, estaba D. Juan II empeñado en la guerra contra los catalanes sublevados, y no disponía ni de tropas ni de dinero para proteger la entrada de su hijo en Castilla. Al fin se determinó que Fernando emprendiese la jornada acompañado sólo de seis caballeros, disfrazados de mercaderes. Caminaban con la mayor precaución, y principalmente por la noche. Fernando iba vestido de criado, y en las paradas que hacían cuidaba de las acémilas y servía a sus compañeros en la mesa. Tras algunos incidentes novelescos, llegaron a Dueñas, en el reino de León, el 9 de octubre de 1469.

Isabel, en cuanto supo la llegada de Fernando, envió a su hermano Enrique una carta en la que le informaba de la presencia del príncipe en sus dominios, y del matrimonio que pensaba contraer, y le pedía que lo aprobase, asegurándole la más fiel sumisión tanto de parte de Fernando como de la suya. En la tarde del 15 de octubre, el príncipe aragonés, acompañado sólo de cuatro caballeros, pasó de Dueñas a Valladolid, en donde el arzobispo de Toledo le recibió y acompañó a la habitación de la princesa. Tenía Fernando dieciocho años, e Isabel diecinueve. Las vistas duraron más de dos horas, y Fernando, ajustados los preliminares del matrimonio, regresó a Dueñas. Era tal la pobreza de los novios, que hubo que tomar dinero prestado para los gastos de la boda, que se celebró públicamente en la mañana del 19 de octubre, en el palacio de Juan de Vivero, habitación temporal de la princesa. El arzobispo de Toledo presentó una bula pontificia que dispensaba a los esposos del impedimento que entre ellos había por hallarse en grado de parentesco prohibido. Después se descubrió que este documento era apócrifo, y que había sido inventado por D. Juan II de Aragón, el arzobispo de Toledo y el príncipe Fernando, que no se atrevieron a acudir a la corte de Roma, abiertamente declararon en favor de Enrique, y convencidos de que Isabel no consentiría en un enlace contrario a los cánones de la Iglesia. Los desposados enviaron una embajada a Enrique participándole el matrimonio, pidiéndole de nuevo que lo aprobase y renovando sus seguridades de leal sumisión.

Enrique contestó fríamente que “lo vería con sus ministros”. Algunos años después, se obtuvo de Sixto IV una bula verdadera de dispensa. (Es interesante saber que el portador de esa bula, expedida el 1 de diciembre de 1471, fue el cardenal español Rodrigo Borja, o Borgia, después papa con el nombre de Alejandro VI).”

Posteriormente en otro capítulo de la misma obra, Prescott añade: “Los napolitanos habían instado al rey Fernando, desde que se acabó la conquista, a que pasase a ver sus nuevos dominios. Esto, y las sospechas que abrigaba acerca de la lealtad de Gonzalo de Córdoba, le decidieron a emprender el viaje. El 4 de septiembre de 1506 se embarcó en Barcelona con su joven esposa y un numeroso cortejo de nobles aragoneses.

Después de haber sufrido muchas tormentas y detenciones, la escuadra llegó el 24 de aquel mes a Génova. Allí se le presentó el Gran Capitán, a quien trató con grandes muestras de confianza. Parece que, en realidad, no había ninguna razón fundada para acusar a Gonzalo. Es cierto que había regido los países de su virreinato con el más regio estilo y autoridad, pero no se había arrogado facultades que no le correspondiesen. Sus operaciones públicas en Italia habían tenido siempre por objeto la utilidad de su patria, y aunque fuera el ídolo del ejército y del pueblo, no hay la menor prueba de que intentara servirse de su popularidad para ningún objeto indigno. Nada había que pudiera justificar ninguna sospecha, y los únicos hechos que parecen reprensibles en el gobierno de Gonzalo fueron ejecutados, no en favor de sus propios intereses, sino en los de su soberano, y en estricta obediencia a sus mandatos.

La real escuadra partió de Génova, y fue arrojada por los vientos contrarios al puerto inmediato de Portofino, donde Fernando recibió la noticia del fallecimiento de su yerno el rey de Castilla, ocurrida el 25 de septiembre de 1506 de resultas de una fiebre producida por haber jugado a la pelota después de un festín que le había ofrecido en Burgos su privado D. Juan Manuel. Tenía veintiocho años de edad, y había reinado en Castilla apenas dos meses.

Su cuerpo fue depositado en el convento de Miraflores, junto a Burgos, en tanto que se disponía su traslación a Granada, como él había pedido”.

“A poco de la muerte de Felipe, Cisneros y sus amigos escribieron a D. Fernando excitándole a que regresara al punto a Castilla.

Recibió las cartas, como ya sabemos, en Portofino; pero determinó continuar su viaje a Nápoles, ofreciendo en su contestación despachar lo antes posible los negocios de Nápoles, a fin de volver cuanto antes a su país. Prosiguió, en efecto, el viaje, y a fines de octubre llegó a la capital de sus nuevos estados. Se le hizo un recibimiento jubiloso. En el muelle fueron recibidos D. Fernando y Dña. Germana por el Gran Capitán con gran pompa y magnificiencia. Después de pasar por debajo de un arco de triunfo, donde D. Fernando juró respetar los fueros y privilegios de Nápoles, los reales esposos continuaron su marcha bajo un precioso dosel, llevado por los electos de la ciudad, a mismo tiempo que sostenían las riendas de suscaballos algunos de los nobles más principales.”

Bien es sabido que al Rey Fernando le gustaba aprovechar el tiempo, y si en 1469 inventó, junto a su padre Juan II y el Arzobispo de Toledo una bula pontificia que le “dispensaba” del impedimento de su matrimonio con Isabel de Castilla, nada nos impide pensar que pudo aprovechar este viaje que realizó en septiembre de 1506 a Génova para depositar allí algunos de los documentos inventados que como reliquias los genoveses conservan. Quizá las cartas de Colón a Nicolás Oderigo, embajador genovés en Castilla y a la Banca de San Jorge. Hay un dato que refuerza esta hipótesis, y es que estos documentos están todos escritos en castellano.

Al igual que en otras ocasiones, la acción del Rey Fernando consiguió dos cosas:

La primera, creación de pistas falsas.

La segunda, engañar a los historiadores.

Durante más de cuatrocientos años han sido muchas las teorías acerca del origen del Descubridor Don Cristóbal Colón.

La hipótesis de su nacimiento en Génova ha sido la más divulgada en gracia al apócrifo soporte documental que la sostiene. En verdad que resulta cojitranca por la falta de coherencia entre lo que afirma y la dura realidad de la vida de Colón, tanto en Portugal como en España.

Veamos la película del origen genovés de Colón.

Giovanni Colombo, abuelo de Cristóforo Colombo , nació en Mocónesi, aldea de Fontanabuona. Residía en Quinto, localidad que actualmente está dentro del casco urbano de Génova, pero por aquel entonces era una aldea extramuros de la ciudad.

Giovanni Colombo tuvo dos hijos,

Doménico y Antonio. Un documento del 21 de febrero de 1429 acredita que su hijo Doménico es entregado como aprendiz a Guillermo de Brabante, tejedor de paños, por un período de seis años. En 1439 Doménico era ya maestro en el arte textil y desde este último año hasta 1447 practicó su oficio en Génova.

En 1451 ya estaba casado con Susanna Fontanarossa, era guardián de la porta dell´Olivella y vivía en Génova. Cristóforo Colombo nació muy posiblemente a finales de 1451. En 1455 Doménico Colombo habitaba en Vico Diritto, en la misma casa donde tenia instalado el taller textil. En febrero de 1470, se había trasladado a Savona ejerciendo el doble oficio de tejedor de paños y tabernero.

Cristóforo Colombo, su hijo mayor, se asoció con él en este comercio. Esto se ha llegado a saber por un acta notarial del 22 de septiembre de 1470, en la que el padre es calificado de tabernero, y en la que el hijo reconoce la deuda de 48 libras genovesas por vino adquirido por su padre y por él. Pero ambos continuaron comprando lana y vendiendo paños.

En un acta de los laneros de Savona, del 12 de marzo de 1473, encontramos otra vez el nombre de Doménico Colombo. El 24 de septiembre del mismo año Cristóforo interviene en el contrato de venta de la casa de sus padres en la Porta dell`Olivella, en Génova. A principios de 1477, cuando ya había comprado en Légino, en los alrededores de Savona, un terreno con casa, cede también la propiedad de Vico Diritto. El 17 de agosto de 1481 cede en arriendo la casa de Légino para volver a Génova. El 17 de noviembre de 1491, Doménico recibe en Savona cierto dinero de un deudor suyo. En 1494, el 30 de septiembre, figura como testigo en un acta notarial redactada en Génova. La fecha de su fallecimiento no se conoce, pero se supone que debió morir a principios del siglo XVI.

En un artículo publicado en el diario ABC de Madrid, el viernes 24 de Enero de 2003, se manifiesta lo siguiente: “Enseñat de Villalonga documenta con nuevos textos su teoría sobre Colón. El descubridor de América nació como Pietro Colonne y fue pirata.

El historiador ha completado el linaje del Almirante haciendo compatible la biografía que escribió su hijo Hernando con los documentos de su familia genovesa.

La publicación en 1999 del libro La vida de Cristóforo Colonne. Una biografía documentada, de Alfonso Enseñat de Villalonga sobre los orígenes del misterioso almirante, desencadenó una polémica internacional, entonces largamente comentada en una exclusiva de ABC. Esta gran repercusión me ha animado a seguir investigándola.

 

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